ANTE LAS DECLARACIONES SOBRE LA III FERIA DE LAS NACIONES DE OCAÑA

EDUCACIÓN Y CULTURA
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Desde el respeto absoluto a todas las opiniones, resulta necesario responder a unas declaraciones que, lejos de valorar objetivamente lo ocurrido durante la III Feria de las Naciones, trasladan una imagen distorsionada de un evento que ha sido, sin lugar a dudas, uno de los mayores ejemplos de convivencia e integración vividos en Ocaña.

La III Feria de las Naciones no fue un botellón. No fue una sucesión de incidentes. Fue un encuentro entre personas, culturas y vecinos. Diez países compartieron con miles de asistentes su música, su danza, su gastronomía, su artesanía y sus tradiciones, demostrando que la diversidad, cuando se trabaja desde el respeto, enriquece a un pueblo.

Reducir una jornada que congregó a cientos de personas a unos hechos puntuales es profundamente injusto con los cientos de voluntarios, asociaciones, participantes, cuerpos de seguridad, Protección Civil, trabajadores municipales y vecinos que hicieron posible una organización ejemplar.

Como ocurre en cualquier evento multitudinario celebrado en cualquier municipio de España, pueden producirse incidencias aisladas. Para eso existen dispositivos de seguridad y servicios públicos para que actuen cuando fuese necesario. Pretender convertir esas incidencias en la esencia del evento es una interpretación interesada que no refleja la realidad vivida por la inmensa mayoría de los asistentes.

Pero esa jornada de integracion entre diferentes pueblos , no tuvo ningun altercado y ninguna incidencia significativa, dentro de la zona donde se celebró la III feria de las naciones

Preocupa especialmente que se mezclen esos hechos con referencias continuas al origen o procedencia de las personas. Porque la convivencia no se construye señalando colectivos, sino responsabilizando a quienes incumplen las normas, independientemente de su nacionalidad, cultura o lugar de nacimiento. Quien ensucia una calle, provoca una pelea o realiza actos incívicos responde por sus actos como ciudadano, no como representante de un país.

Ocaña es hoy una localidad abierta, diversa y acogedora. Más de ochenta nacionalidades conviven diariamente en nuestro municipio y forman parte de nuestra sociedad, de nuestras empresas, de nuestros comercios, de nuestros centros educativos y de nuestras familias. Esa realidad no debe verse como un problema, sino como una oportunidad para seguir construyendo un pueblo más fuerte y más unido.

Resulta llamativo que, frente al enorme éxito de una iniciativa que ha situado a Ocaña como referente de integración y convivencia en Castilla-La Mancha, algunos prefieran centrar su discurso únicamente en buscar aspectos negativos, ignorando deliberadamente el extraordinario ambiente vivido durante toda la jornada.

La política tiene la obligación de unir, no de dividir; de proponer, no de enfrentar; de reconocer el trabajo bien hecho cuando beneficia al conjunto de los vecinos, aunque quien lo organice sea otro.

Desde el Ayuntamiento seguiremos apostando por proyectos que unan a las personas, que fomenten el respeto entre culturas y que proyecten una imagen moderna, abierta y acogedora de Ocaña.

Porque la III Feria de las Naciones no ha sido el éxito de un equipo de gobierno; ha sido el éxito de todo un pueblo que demostró que la convivencia, el respeto y la integración son mucho más fuertes que cualquier intento de sembrar división.